Alojamiento en Vigo

La hermosa ciudad de Vigo, conocida como la “Puerta del Atlántico”, se halla situada en pleno corazón de la ría a la que da nombre, para muchos la que más belleza ofrece. El visitante podrá admirar en esta ciudad lugares tan maravillosos como las islas Cíes, la ensenada de San Simón, los pequeños pueblecitos de pescadores que la rodean, sus miradores con fantásticas vistas a la ría y las bonitas y empinadas calles de su casco histórico.

También el ocio está garantizado en Vigo. Sus playas, así como la misma ría, poseen muy buenas instalaciones para que se puedan practicar deportes náuticos o rutas. La gran oferta cultural que pone a nuestra disposición en cualquier época del año, sus alegres fiestas y su exquisita gastronomía hacen de este lugar un sitio ideal para unas vacaciones o unos días de asueto.

 

Si tomamos la decisión de viajar a este lugar que tanto nos ofrece, un sitio aconsejable para alojarse es el Hotel Rectoral de Cobres 1729, una antigua casa rectoral construida en el año que su mismo nombre indica, que fue restaurada y convertida en un confortable alojamiento turístico.

 

El hotel está situado encima de una colina, desde la cual podremos contemplar unas magníficas vistas de toda la ría de Vigo. Es un bello edificio lleno de obras de arte y que respira historia por los cuatro costados.

 

Los propietarios han puesto sus cinco sentidos en la decoración, en cada detalle se nota el cariño puesto en que todo esté armónicamente conjuntado. Todas las estancias del hotel tienen una gran luminosidad y una panorámica inolvidable.

 

Las habitaciones son confortables, cómodas y bien equipadas. Hay dos agradables salas de estar para nuestros ratos de reposo o de lectura, cada una de ellas de diferente estilo. Incluso hay una muy bien dotada biblioteca, donde podremos consultar sobre la zona o sobre cualquier otra temática que nos interese. Un comedor para los desayunos, uno para las comidas y otro para banquetes, junto al atractivo bar, completan las zonas comunes en el interior del edificio.

 

En cuanto al exterior, todo el hotel está rodeado de bellos y cuidados jardines, donde se pueden pasar ratos muy relajantes, paseando o simplemente mirando el paisaje que se nos ofrece. Una terraza, un comedor que en invierno se cubre, y una estupenda piscina completan este agradable entorno. Cabe destacar también la presencia de una pequeña y bonita capilla en los jardines.

 

Unas tapas en el bar del hotel seguidas de una comida en su restaurante completarán nuestro día después de los paseos y visitas que habremos realizado. Una caldeirada de pescado o unas vieiras, o cualquier otro marisco de los que tanto abundan en la zona, regado con un Rías Baixas o un Ribeira Sacra, puede ser una opción estupenda, por no decir una fiesta. De postre podemos pedir tarta de Santiago acompañada de una queimada.

Viajero