El Puente Romano de Córdoba es un recorrido indispensable para todos los turistas que llegan a la ciudad. Situado sobre el río Guadalquivir, este viaducto se construyó durante la época romana a principios del siglo I d.C y cuenta con una longitud de unos 331 metros dónde actualmente hay 16 arcos de los 17 que hubo en un momento inicial.

Siendo el único punto de la Península Ibérica desde el que se podía cruzar el río sin tener que echar mano de la embarcación, fue transitado por una buena colección de comerciantes y artesanos que venían a vender o intercambiar sus mercancías con el fin de sacar algún tipo de beneficio.

¿Qué puedo ver desde el Puente Romano de Córdoba?

De fácil acceso, el Puente Romano de Córdoba une el Campo de la Verdad con el Barrio de la Catedral. Ideal para pasear y recorrer hasta el final, una de las esculturas más destacadas es la de San Rafael que data de 1651 y desde entonces, es todo un icono de leyenda para la ciudad andaluza.

La reserva natural de los Sotos de la Albolafia es perfectamente visible desde el Puente Romano. Esta zona inundable con pequeños afloramientos a su alrededor, constituye la belleza de lo decrépito por su abandono. El día 2 de octubre de 2001, este conjunto fue declarado Monumento Natural a través del nombramiento de la Junta de Andalucía.

El molino de San Antonio también se puede divisar desde el centro del viaducto. Está considerado uno de los más importantes dentro del conjunto que tenemos a su alrededor y ha sido uno de los que mayor número de reformas ha recibido a lo largo de su historia. Construido para la molienda de harina en base a las hambrunas del ejército, su época de actividad frenó muchas miserias.

El Puente Romano de Córdoba, una construcción de reformas

Su encanto lleva capturando la atención de millones de turistas desde que quedó declarado. Sin embargo, este atractivo se ha visto amenazado en varias ocasiones. Históricamente, durante la época califa, contó con una después de la Reconquista y otra a principios del siglo XX ambos en cambio, fueron sumamente estéticos.

El 9 de enero de 2008 el Puente Romano contó con una de sus reformas más radicales hasta la fecha. Limpieza de tajamares, sustitución a un suelo de granito liso y la rehabilitación de la hornacina dedicada a San Acisclo y Santa Victoria fueron algunos de los más interesantes. El arquitecto cordobés Juan Cuenca Montilla, fue quién estuvo al mando de la restauración y, debido a su ambición por conseguir un aspecto del famoso viaducto lo más cercano al original, la obra se sumergió en una sombra de polémica aunque finalmente fue acabada con gran éxito.

Si estás descubriendo Córdoba o vas de paso por la ciudad éste puente como ves, guarda mucha historia y a través de él, conociendo algunos de los detalles que hemos mencionado aquí, podrás casi volver a los inicios de la única pasarela que tuvo el territorio durante al menos veinte siglos a través del guadalquivir.